lunes, 24 de octubre de 2011

El tiempo perdido


El hombre, en su infinita capacidad de inventar cosas, justo entre la rueda y la penicilina, tuvo la maravillosa idea de inventar la manera de medir el tiempo. De esta forma, tomando como base la alternancia entre el sol y la luna, apareció el concepto de día, que pronto se dividió  en horas, minutos y segundos, a la vez que dio lugar a otros como semanas, meses, años, siglos y milenios. Así el hombre supo cómo sacar mejor provecho de las cosechas y pudo establecer horarios para reunirse, comer y dormir. Definitivamente, un buen invento. Un buen invento siempre que no se aplique sobre uno mismo.

La edad. Interesante concepto que en más de alguna oportunidad nos ha molestado. ¿Quién no quiere esconder su carnet de identidad? Yo quemaría el mío. La edad tortura a todo aquel que tenga algo en la cabeza. El tiempo pasa por nosotros y nos somete a reglas biológicas según la edad que tengamos. Por si fuera poco la sociedad se ha armado de estereotipos para que nuestra tortura sea aún más dura. No debemos tener sexo antes de tal edad, tenemos que bailar ridículos bailes a otra específica, tenemos que “sentar cabeza” en otras y hay algunas para las cuales ya tenemos que haber tenido hijos para demostrar que no pasa nada raro con nosotros. Nuestras vidas se miden, tanto por el real y cruel paso del tiempo, como por la representación social de lo que dice nuestra acta de nacimiento. De ahí que veamos al tiempo como un enemigo.

El paso del tiempo es algo curioso que nos afecta de modos diferentes, pero siempre intensos. No hace mucho, una vecina de cierta edad (“de cierta edad”, ya ven como caemos en los patrones sociales) vino a mí y me dijo que le tirara una foto porque en la que la habían sacado para su nuevo carnet no se parecía en nada a como es ella en la realidad. Al enseñarme la foto vi que sí se parecía a ella y se lo hice saber, a lo que ella replicó sacando otra foto de hace más de 20 años, aún en blanco y negro, y diciendo: “Así soy yo, no así”. La miré horrorizado: mi vecina no sabía que el tiempo había pasado por ella. No respondí nada. No había nada que responder.

Para los que estamos conscientes del paso del tiempo la cosa no es mejor ni mucho menos. A mí me parece que fue el otro día que cumplí 15 años. Todavía tengo una de las camisas que me regalaron para probarlo. Es que fue el otro día; nada relevante ha pasado desde entonces. Para colmo todo el mundo parece estar triunfando con mucha menos edad que uno. Desde Juana de Arco, quien dirigía a todo el ejército francés con solo 17 años hasta Marc Zuckerberg y todo su dinero antes de cumplir los 24. Hay niños genios del ajedrez, las matemáticas y las lenguas extranjeras. Cuando vemos el deporte, si alguien tiene tu edad los comentaristas se refieren a él como “un veterano de mil batallas”, y descubres que Adele solo tiene 21.

Y esos son los importantes. La gente común es aún peor. La hija del vecino “ya está en los Estados Unidos, tiene un trabajo de lo más bueno y tiene carro”. Edad: 18 años. El hermano de tu amiga “ya se asentó con la novia, se casaron y esperan un hijo”. Edad de ambos: 21 años. Todo el mundo parece tener menos de 23. Es para darse un tiro.

Viéndolo así, si quitamos las felicitaciones y muestras de afecto, los días de cumpleaños son un verdadero castigo. En mi caso particular es aún peor porque mi papá y yo cumplimos el mismo día, así que en mi propio aniversario tengo que salir a buscar un regalo para otra persona. Para alguien tan egocéntrico como yo (y como mi papá) es horrible compartir la fiesta, pero ¿qué se le va a hacer? Además, nos queremos. Lo bueno que tiene es que, al ser la fiesta a la mitad, puedo diluir un poco la atención de que en realidad estoy envejeciendo.

Yo siempre he parecido más joven de lo que soy. Poderosa arma. Pero tengo la edad que tengo. Y hasta podría asegurar que mucha más. Es la maldición del que piensa mucho.  Además, a veces alguien me ve una cana. Aunque eso no quiere decir nada: en el círculo infantil ya tenía unas pocas. Pero hasta hace algún tiempo lo que siempre me había preocupado no era el paso del tiempo ni su repercusión en mi cabello, sino el tiempo que había perdido. Ese tiempo en el que no había hecho…nada.

Y es que el hombre inventó cómo medir el tiempo, pero son muy pocos los que saben cómo utilizarlo a su favor. Yo he tenido una vida muy intensa. Soy de los que he aprendido mucho en un día. Pero no me he dado cuenta siempre de este aprendizaje. Lo he comenzado a valorar tan solo desde hace algunos años y más aún en estos seis meses en los que llevo hablando de mí y el mundo que me rodea en este blog. He aprendido que mi pasado ha tenido un sentido: forjar mi personalidad. Yo no fuera la persona que soy hoy si no fuera por los años que he vivido (y de más está decir que yo me siento orgulloso de mí mismo). Pues bien, esta personalidad que yo mismo he construido y depurado, tanto en materia de virtudes como de defectos, no se logra en un día. El tiempo y las experiencias son importantes. Es por eso que hay niños genios del ajedrez, pero no les podemos pedir un consejo. No tienen mucho que decir. Además, no creo que sus blogs sean tan entretenidos.

Pues este valorar lo que ha sido tu vida, es, como diría mi amigo Proust, la recuperación del tiempo perdido. Y eso te enseña, inevitablemente, a aprovechar al máximo el que te queda. Porque los años hay que llenarlos. Esos días que uno vive en los que no pasa absolutamente nada son a evitar. Cada día debemos reír, llorar, aprender, dejarnos llevar, sublevarnos, bailar sin ropa, gritar, oír a los demás, hablar, besar y escribir blogs. Y todo lo que nos lleve a sentirnos vivos. De esta forma, cuando te pregunten la edad dirás “29 años” y una sonrisa interna vendrá a ti porque sabes que son 29 años de pura peripecia. Si algún niño de 15 años puede lograr esa satisfacción de verdadero camaján, pues en serio me alegro mucho por él. Será muy feliz. Pero en la mayoría de los casos, hace falta tiempo y vivencias para darse cuenta que la edad es en realidad una amiga.

El tiempo perdido existe, pero en el momento en que se le da un sentido en nuestra cabeza, deja de existir y pasa a ser “el tiempo forjador de nuestra personalidad”. Así que no debemos cogerla con el tiempo. Debemos aprender a usarlo. Debemos aprender a revivir en nuestra memoria todo lo que hemos hecho a la misma vez que debemos seguir incrementando este inventario de anécdotas y sentimientos. Así llenaremos nuestros segundos, y nuestros minutos, horas, días, meses y años. Así es como la vida ha de ser vivida. O por lo menos esa es mi opinión. Así que, justo cuando termino estas líneas y antes de salir a comprar el regalo de mi papá, decido llenar mis segundos oyendo una buena canción de country y tomándome una copa en mi honor porque, en caso de que no lo hayan notado, hoy estoy de cumpleaños. Felicidades a mí: han sido 29 años bien intensos y nunca he estado tan consciente de ello como ahora. Gracias, Proust.

5 comentarios:

alien dijo...

Adele solo tiene 21...jejeje...bueno este post Raul...felicidades por el cumple...que mi hermano te haga llegar como regalo, los cds nuevos de Coldplay, Kelly Clarckson y Florence + The Machine que le mande...se los pasan a Ray tambien...Salu2

Charly Morales Valido dijo...

Excelente post, es un verdadero placer leerte, y además, coincido en el concepto de "forjando personalidad": decía Edison que el genio es 5 por ciento de idea y 95 de sacrificio y trabajo, o algo así, y tampoco creo que eso sea vivir... Feliz cumple y quisiera pedirte permiso para poner un link a tu blog desde el mio, Fufú con empellas (http://againcharly.wordpress.com). Habrá quien se escandalice con algunos de tus escritos, pero la mayoría los encontrará deliciosos... Saludos

Raúl dijo...

Gracias, alien, iré a buscar mis regalos, jeje. Charly, por supuesto, haz lo que quieras (ya me pasaré por tu blog). Saludos a ambos.

Anónimo dijo...

Muchas felicidades Raul, excelente este también. Como diría Gabriel García Marquéz " LA VIDA NO ES LA QUE UNO VIVÍO, SINO LA QUE VIVE Y COMO VIVE PARA CONTARLA"
GRISEL (ME VOY DE NUEVO)JAJAJAJAJA

Andru Lezore dijo...

Me ha caido de maravilla leer esto a dos semanas de mi cumpleaños y que siempre es un remember de lo que he dejado y me falta hacer! pero al diablo!! como dices la edad es una amiga que te acompaña en tu aventura singular!
Graciaaas


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