viernes, 11 de marzo de 2016

La pareja más linda de todo Marianao



Primera parte

René e Inés se conocieron en la Universidad de la Habana en 1993. Ambos coincidieron en la desierta cafetería y él preguntó "¿por qué seguimos viniendo a este lugar si sabemos que no hay nada?". "Supongo que cuando perdamos la esperanza es que estaremos verdaderamente desesperados", dijo ella. Y él se enamoró. Menos de una semana después, eran novios.

No había mucho en 1993 así que estar enamorado era lo mejor que podía pasar. Cuando se está en esa etapa, todo lo que no sea el amor es secundario. Ni siquiera hambre se siente. Y cualquier molestia, escasez o miseria se anula cuando te dicen que "tu novia está en la sala, ve a verla".

Como ambos eran de Marianao, iban y venían juntos a la universidad y en más de una ocasión, cansados de esperar una guagua que quizás no llegaría nunca, regresaban caminando. Ya por el puente Almendares ella amenazaba con tirarse  debido a la fatiga, y él le respondía que si ella se tiraba se tenía que tirar él también, y ese día no tenía ganas de morirse porque tenía que tocar en una peña de rock por la noche. Entonces la cargaba por unos 100 metros y ella decía que estaba bien, que se suicidarían otro día que no hubiera peña. Y seguían el largo camino a casa.

Cuando no había luz - o sea: todos los días - ella, en vez de poner a quejarse con los padres y la hermana se iba a los ensayos de él y fungía como público junto al resto de las novias de los "Marianao's Death Metal Troopers" que tocaban sus instrumentos sin electricidad. Y luego del simulacro de ensayo se quedaban abrazados hasta que los botaban.

Hacían el amor en alguna parte que no consta en los archivos del municipio ya que ninguno de los dos tenía dónde. Pero lo hacían. Quizás no tanto como hubieran deseado, pero lo hacían.

Un día él le dijo que lo que sentía por ella nunca lo había sentido por nadie. Más que eso: lo que sentía nunca lo sentiría por nadie porque era demasiado lindo como para que se repitiera de nuevo. Ella contestó que sentía lo mismo, que solo pensaba en él y que si ambos sentían lo mismo nadie ni nada podría separarlos nunca.

Y mientras todo un país gritaba porque no había comida, luz, transporte o esperanza, ellos se paseaban de la mano hablando de amor y tonterías. Como debe ser.

Un día llevaron a un vecinito de René al Parque Lenin y durante todo el día entrenaron así para cuando tuvieran un hijo. Como los aparatos no funcionaban terminaron en la esquina de algún bosque jugando a los escondidos. Fue un lindo día. Al entregar al niño en su casa, la madre de este, a la que el hambre nunca le impidió notar lo que de veras importa en este mundo, les agradeció y les dijo que "eran la pareja más linda de todo Marianao".

El padre de Inés preparaba una balsa y para mediados de 1994 ya estaba casi todo listo. Inés, enamorada, dijo que ella no se iba a ninguna parte. La madre, el padre y la hermana pusieron el grito en el cielo. "Tú no te vas a quedar aquí por un macho", dijo alguno. "¡No es un macho! ¡Es mi novio! ¡El hombre que amo!" "Sí, y ¿cuándo se acabe el amor?", dijo otro. "Este amor no se va a acabar", dijo ella. "¡Además mejor morirse de amor que en una balsa!".

René no supo qué decir. Claro que quería que se quedara - desde que la había conocido pensar en no estar con ella ya no era una opción - pero sentía que era su responsabilidad decirle que se fuera. Porque la seguridad económica es mejor que el amor. ¿No? Entonces ella le dijo que la obligara a quedarse, que ella solo necesitaba que él le dijera "no te vayas". Y él le dijo "no te vayas". Y agregó "yo te haré feliz siempre, te lo prometo. Con seguridad económica o sin ella. Este amor es para siempre".

Entonces fue él quien se tuvo que ir. A Oriente. Su padre estaba enfermo desde hacía mucho tiempo y lo inevitable estaba ya al pasar. La noche antes de irse, en aquel muro de 116, todo parecía normal, aunque por alguna razón no paraban de llorar. "¿Y por qué lloramos?" "¿Y yo qué sé?" "Te amo", le dijo él al final. "Yo más", dijo ella. "Te veo en unos días", dijo alguno.

El viaje a Oriente duró mucho más de lo previsto. Llegar allá había sido una verdadera locura pero por suerte le había dado tiempo a hacerlo antes que el padre muriera. Luego se tuvo que quedar un tiempo lógico con la madre, que estaba inconsolable.

Nadie tenía teléfono en aquella época. Uno por cuadra en el mejor de los casos. Finalmente un día lograron comunicarse gracias a una vecina de él y a un familiar de ella y a muchas llamadas de larga distancia previas para poder ponerse de acuerdo en el horario. Ella fue rápida. "Me voy. Tengo que hacerlo. Yo no quiero, pero tengo que irme. Tengo que irme." Él se sintió morir pero se lo tragó. Como un hombre. O algo así. "Quiero verte antes de que te vayas". "Ven, aquí estaré". "Espérame". "Sí". "Te amo". "Yo más".

Él dejó todo y salió para la Habana, lo cual era mucho más fácil de decir que de hacer. Luego de dos días de camino terminó en alguna parada abandonada en el medio de una carretera en Camagüey, por donde absolutamente nada pasaba. Ni siquiera personas. Entonces se dijo que se iba corriendo para la Habana, rememorando los lejanamente felices días del largo camino de la universidad a Marianao.

A los dos kilómetros, como si fuera el Puente Almendares, le dio un ataque. Se dio cuenta que solo con su amor no podía ir hasta a la Habana, no podía impedir que ella se fuera, no podía impedir perder un año de carrera, no podía impedir que el padre se muriera, no podía impedir estar tirado en el medio de la nada corriendo por gusto bajo un sol que lo mataba... Su amor no servía para nada. Dio unos gritos, creyó que se moría y luego se sentó en una sombra que encontró. Al día siguiente, un camión lo recogió y lo llevó de nuevo hasta la puerta de su casa en Oriente, lo cual dadas las circunstancias, bien puede considerarse como todo un lujo.

En algún momento - antes, durante o después de esto - Inés se montó en una balsa y se fue. Histérica, descontrolada, inconsolable. Diciéndole a la hermana que era mejor morirse en una balsa porque el amor dolía demasiado. Estaba desesperada. Esa desesperación que viene con haber perdido la esperanza.



Segunda parte

Todo el barrio quedó traumatizado con aquello. Pero entre tanto niño muerto en el mar y tanta hambre, hubo que poner aquella historia en un archivo secundario. Porque el amor es secundario. Especialmente para los que no participamos de él.

Al final René regresó a un Marianao y a una universidad sin Inés, y se puso a esperar. No supo muy bien qué pero se puso a esperar. Esa confianza que tiene uno en que la vida no puede ser tan mala. Que esos vacíos en la boca del estómago son solo sustos, no estados de ánimo perennes. Además Inés sentía lo mismo que él y eso la distancia no podía apagarlo.

Primero vino la tristeza, luego la impaciencia, luego la angustia, luego la ira, luego la desesperación, luego el vacío. No le dijo a nadie que estaba esperando, pero lo hacía. Tuvo otras novias, se casó, tuvo un hijo...hasta que un día se dio cuenta que ya no estaba esperando nada y que en efecto, aquello se había acabado. Y se había acabado aquel día en la carretera de Camagüey, con gritos e histeria.

Se dijo entonces que el amor era una mierda condicionada por factores económicos y geográficos. Que uno ama al que tiene al lado y si este se va pues ya no lo ama más, prueba evidente y clara de que el amor no existe y en su ausencia le llamamos así a la costumbre que se deriva de ver a alguien todos los días. Pero aún en los casos en que veamos a estas personas por muchos años y creamos que estos amores/costumbres son muy poderosos, estos también se acaban una vez que se dejan de ver por la causa que sea. Y odió su propia teoría pero lo ayudó mucho a seguir viendo el juego de pelota con la conciencia más tranquila.

Inés se bajó de la balsa y se dijo que regresaría a Cuba en cuanto pudiera. Que René la estaba esperando. Que ella no podía vivir sin él. Se dijo que en un mes, que en un año, cuando ya se hubiera acostumbrado a la vida en Miami, cuando finalmente dejaran regresar a los que se habían ido...Primero vino la impaciencia, luego la desesperación, luego la costumbre, luego la decepción de sí mismo, luego la costumbre de nuevo, luego nada.

Un día que fue a recoger a la menor de sus hijas a la guardería se dio cuenta que ella no había movido un dedo por retomar su relación con René. Ella, que estaba tan enamorada. Que aquella relación, en efecto, se había acabado cuando ella se montó en aquella balsa. Con gritos e histeria incluidos.
 
Entonces le dijo a la hermana que la distancia era una mierda. Que toda relación está destinada a pudrirse pero las que se separan de pronto y por culpa de la distancia son las peores porque no se les da la oportunidad de pudrirse como va. La hermana dijo que quizás eso era mejor porque así uno vivía con la esperanza tonta de que el amor existía en algún lado, en vez de verlo pudrir frente a sus ojos. Y odiaron su teoría pero las ayudó mucho a sentirse bien en aquel parque con los niños.

Muchos años después, en 2011, Inés decidió que era hora de ver a René. Así de pronto. Ya había ido a Cuba cuatro veces, ya se había divorciado y se había vuelto a casar, ya tenía otro hijo más que también había crecido, ya había pasado de los 40 años y de pronto aquella idea se le metió en la cabeza. Era el momento.

Así, una tarde de abril, Inés le tocó la puerta a René luego de haber hecho todo un estudio de direcciones, teléfonos y estados civiles, con la intensidad que se había prometido tener cuando la subieron en el barco de los guardacostas y que luego no había tenido la capacidad de cumplir. Él la reconoció enseguida y puso cara de tranca. Se dijo algo como "¿esta cree que se va cuando quiere y viene cuando quiere y yo tengo siempre que estar a su disposición?". Pero luego se le pasó. Y luego sintió un no sé qué.

Ella se sintió culpable cuando lo vio. Y luego se declaró inocente y culpó a la vida. Y al Período Especial. Pero luego se le pasó. Y luego sintió un no sé qué. Y se abrazaron y lloraron juntos sin ni siquiera saber las causas. "¿Y por qué lloramos?" "¿Y yo qué sé?"

Él le dijo que casi se había vuelto loco, ella le dijo que casi se había vuelto loca, pero como nadie se muere de amor - lo cual es una lástima - habían seguido con sus vidas, haciéndolas menos apasionadas y menos lindas, pero más reales. Porque la belleza es inversamente proporcional a la realidad, y eso lo habían aprendido en su trágica separación. ¿O quizás no?

Declararon que la distancia es una mierda pero al final pone en evidencia que las personas no se aman tanto como ellos creen, así que al final fue para mejor y que todo lo que pasa en esta vida conviene. Entonces llegaron a la conclusión que ellos no se habían amado tanto como habían creído y que todo había sido una aventura de juventud. ¿O quizás no?

Al final caminaron hasta el Lido, recordaron las largas travesías hasta la universidad, los Marianao's Death Metal Troopers, la cafetería de la UH, el vecinito de René, los "tu novia está en la sala, ve a verla" y aportaron nuevos cuentos de cómo al final había traído a la mamá de Oriente y cómo en Miami todo el mundo tiene carro.

Y así, sin gritos ni histeria, René e Inés tuvieron finalmente el final que se merecían. Con calma. Sin desesperación. Con una nostalgia bonita. Como se merecía el amor que tuvieron alguna vez y el cual ahora minimizaban pero que en su momento había inspirado a muchas personas que necesitaban historias bonitas para lidiar con el hambre.

"Nos veremos alguna vez". "Pero claro". "Adiós". "Te quiero". "Yo más".

Y todo un barrio respiró tranquilo.



PD: Dedico este post a todos los amantes a los que la distancia separó. También  a los que no separó. Pero más que nada, se lo dedico al René y a la Inés originales - que 25 años atrás me llevaron un día al Parque Lenin - los cuales nunca volvieron a verse ni a saber nada el uno del otro y cuya segunda parte de esta historia inventé sin culpas porque no sirve de nada ser escritor si uno no puede darle un final feliz a las injusticias de la vida. Sobre todo cuando se trata de la pareja más linda de todo Marianao.
 

15 comentarios:

Santiago Torres Destéffanis dijo...

Qué historia tan tierna, a un tiempo dulce y amarga.

Miriel Corrada dijo...

Wao, me he vuelto fan sin quererlo, sin quererlo de verdad, me propuse no serlo, pero es que no se te puede leer sin sentir, y eso es fatal.

El cazador de burbujas dijo...

Supongo que todos nos merecemos un feliz, incluso sin final!

Unknown dijo...

Simplemente genial

Sany Saunders dijo...

Ufff Yo que estoy viviendo algo parecido, me vino a la mente un «me quiero morir»...que Dios me perdone por esto y por lo otro...Hoy no debí leer esto,a 3 años de lo de mi tía Mayi....No sabía que me podía poner más fula aun....Te Amo mi hermano...creo que es 1ra vez que comento algo tuyo. Muaaaaaa Sany

Sany Saunders dijo...

Yo no debí haber leído esto hoy la verdad,pero adivinar es pecado jajajajaja. Bueno en algún momento ya había comentado esto hoy y ahora tengo que volverlo a hacer.Esto me recuerda a mi misma...gracias mi hermano. Dios te bendiga.Te Amo.

Cecilia Yadira Benitez Carracedo dijo...

Te excediste con esa posdata! Lo mejor (para mi) porque fuiste testigo de un amor así, es por eso que no te conformas con menos, aunque no tuvo un final feliz como casi todos los grandes amores; se merecían el final que elegiste para ellos. Como no hacerse adicta a ti, si es imposible leerte sin reír a carcajadas, sin llorar como tonta, sin ser irónicos como tus personajes, que son tú, como no hacerse adicta si nos hace soñar y también llegar a casa y darle golpecitos a la cama y decirle "despierta: tenemos que hablar".

Hector Garcia dijo...

Mijo me encanto pero al contrario de Ines si estoy moviendo los dedos,que digo!!!!las manos para poder estar junto a mi jabao gracias por tus historias tus locuras tu big co.... jajajaja te amo cabron un abrazo

Janet dijo...

Es difícil q no haya uno de nosotros a no haya pasado por alguna historia así. Donde el amor ingenuo, pleno y apasionado de jóvenes, te hace creer q todo es posible si se ama de verdad. Aún no tengo 40...todo puede pasar...❤️Me encantó.

Yansulier García dijo...

Este si me saco las lagrimas.

Yulia Fornés dijo...

Love is not enough.

Aurora Sarabia dijo...

Siempre me haces llorar,

Jorge Gutierrez dijo...

me encanto tu post corazon,como todo lo tuyo.eres genial

Elizabeth Valdivia dijo...

Si tuviera que describir con una palabra está historia sería, realista.
Me gustó mucho y me enchino la piel el varias partes. Que indispistos podemos ser aveves,y que mal que no siepre haya un justos por siempre. Sin sus alguna, si eran la pareja más linda de todo Marianao.

Elizabeth Valdivia dijo...

Si tuviera que definir esta historia con una palabra, sería realista.
Que induspuestos podemos llegar a ser. Me enchino la piel en varias partes, fue un gusto leer esta historia. Sin duda, eran la pareja más linda de todo Marianao.


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