miércoles, 21 de septiembre de 2011

La ciénaga


Alexis tuvo su primera novia “de verdad”, Ingrid, cuando ambos tenían 15 años. Consumaron su amor en casa de él un día que su mamá llegaba tarde del trabajo. Aunque no duraron mucho, todavía conserva buenos recuerdos de ella. Luego, en el propio tecnológico, estuvo con Sandra, Gabriela y Lídice de manera “formal” y con Roxana, Liuba y María Elena “a escondidas”. Tuvo sexo con algunas otras, pero no se cuentan porque estas eran o las novias de sus amigos, o las muchachas que “no estaban tan buenas”, así que no valía la pena incluirlas en la lista. Durante el Servicio Militar se acostó a lo largo de todo el año con las únicas dos cadetes hembras de la estación en la que hacía guardia, Mariana y Yuneldis. A pesar de que solo fueron dos, nunca en su vida tuvo tanto sexo, ya que hacía guardia cada dos días. Al ingresar en la universidad tuvo un primer año “loco” en el que se acostaba con todo lo que le guiñara un ojo. En segundo año, sentó cabeza y se empató con Rosario, una chica de campo de su misma aula, con la cual duró dos años y a la que embarazó la misma cantidad de veces, sin fructificar en niño. La engañaba con Mayté, una señora de 42 años casada que lo volvía loco. Justo al inicio de cuarto año dejó a la buena de Rosario por Alicia, a quien conoció en el cuerpo de guardia al que llegó todo magullado luego de que el esposo de Mayté, Roberto, le cayera a golpes al descubrir su “affaire”. Después de dos años de relación apasionada, se casaron, justo dos meses después de su graduación de la universidad. Se divorciaron un año y seis meses después, luego de que ella hiciera un comentario en el que decía algo como “no creo que te ame ya”. Luego de una crisis de unos meses en los que Alexis apenas iba de la casa para el trabajo y del trabajo para la casa, su mejor amigo Luis Miguel, le presentó a una de sus ex novias, Margarita, con la cual Alexis se empató por unas semanas. Nada importante. Nada importante si no hubiese sido porque esta se embarazó y decidió tener al niño. Cuando el pequeño Alexis tenía ocho meses, su padre volvió con Alicia, quien regresó un día y le dijo que “se sentía sola”. Después de tan solo dos meses, Alicia se volvió a ir prometiéndole “nunca regresar”. Alexis se enroló entonces con la psiquiatra a la que tuvo que ir después de que Luis Miguel lo obligara por descubrirlo tomándose unas pastillas mientras lloraba y decía el nombre de “Alicia”. Esta, Marta, quien casualmente era hermana de Gabriela, terminó dejándolo a los tres meses por otro de sus pacientes llamado Marcos. Luego de algunas mujeres de las cuales Alexis ni preguntó los nombres, se consideró oficialmente “soltero para toda la vida”, así que se dedicó a estar con mujeres casadas u otras lo suficientemente liberales como para no querer compromiso de ningún tipo. Hasta un día de noviembre que entró a aquella discoteca destruida en Boyeros.

Marina no tuvo sexo hasta los 18 años. Su novio, Carlos Manuel, le insistió por dos años hasta que finalmente lo logró en una agitada noche de escuela al campo. Un año después, Carlos Manuel, al entrar a la universidad, le dijo que lo de ellos “no tenía sentido” y que era mejor separarse. Marina conoció entonces a Jean-Pierre, un belga que estaba de turismo en la Habana por dos semanas y tuvieron un romance. Un año después, conoció a Roberto, un hombre 22 años mayor que ella y con el cual tuvo una relación de casi un año. Todo terminó abruptamente cuando Mayté, la esposa de Roberto, se apareció en la universidad un segundo turno de la mañana y le dijo bajito “que dejara a su esposo tranquilo” o la próxima vez le diría a todo el mundo lo “putica” que era. Roberto intentó regresar con ella, pero ese fue el momento en el que Marina conoció a Marcos y tuvo el sexo más apasionado de su vida, quedando prendida de él. Marcos, un joven encantador que siempre le sacaba las palabras, la dejó un día al regresar de un teatro en el que estuvo callado todo el tiempo alegando que “no era culpa de ella ni de nadie, pero él no era feliz”. Marina decidió entonces ser más liberal, siguiendo los consejos de sus amigas, y se acostó con la mitad de su facultad, entre los que se incluyó a Yanko, Pedro Pablo y Rolando. Finalmente, ya en quinto año de la carrera, se estabilizó con Manuel, estudiante de medicina, quien se fue del país un año antes de terminar su carrera y con quien siguió siendo novia por correo electrónico, hasta que un día él no escribió más. Después del esperado regreso, cinco años después, de Jean-Pierre, se dio cuenta al verlo que en realidad no le gustaba tanto y que ya no representaba nada para ella. No se lo dijo, porque, en definitiva, él se iba a la semana siguiente de regreso a Bélgica. Luego de una corta relación con Boris, con el cual rompió por el “bajo nivel” de este, Marina, cansada y agotada, decidió ser una mujer “enfocada en su trabajo”, así que alejó a la mayoría de los hombres que se le acercaban. Hasta un día de noviembre que entró a aquella discoteca destruida en Boyeros.

Alexis y Marina tuvieron sexo por primera vez cinco días después de conocerse en aquella discoteca. Luego de una fulminante mirada de ambas partes, baile apretados e intercambio de teléfonos, él la invitó a salir un par de veces y a la segunda vez, al dejarla en su casa, ella le dijo que podía entrar y pasar la noche. Tuvieron sexo apasionado que repitieron todos los días de esa semana, a veces por las tardes y a veces por las noches, en dependencia de sus horarios. Luego de dos semanas, decidieron etiquetar su relación nombrándola “noviazgo”. Ella le presentó a su familia y él le llevo un día al niño a la casa. Una tarde, al salir de su trabajo y ver a Alexis esperándola sentado en el contén de enfrente, Marina le dijo que lo quería. Esa misma noche, justo cuando ella preparaba algo de comer, él la abrazó por la espalda y le dijo al oído que él también la quería. Esa noche tuvieron el mejor sexo. Menos de un mes después, en una visita con el pequeño Alexis al Acuarium, él, al verla de la mano con su hijo, le dijo, justo al lado de la piscina de las tortugas, que la amaba. Veintiocho minutos después, en pleno espectáculo de los delfines, ella le dijo que también lo amaba, agregando “más que a nadie en mi vida”. Y esa tarde tuvieron el mejor sexo. Dos meses después, aprovechando una visita de una semana de Marina a Sancti Spíritus por trabajo, Alexis le dijo por teléfono que la extrañaba mucho y que quería casarse con ella. Ella le dijo que sí, que ella también quería, y que lo hablarían mejor cuando regresara. Pero nunca lo hablaron mejor, porque a su retorno, la relación comenzó a cargar con el pesado fardo del pasado.

El primero en dar la nota discordante fue, sorpresivamente, Luis Miguel, quien en un almuerzo en casa de Marina, dijo en plena mesa que se había encontrado con Alicia y que esta se iba a casar de nuevo, lo que provocó que Alexis no dijera una palabra más en toda la tarde. Marina fingió que no notó nada, pero no fue indiferente al mutismo de su novio. Luego, a la salida del cine Yara una tarde de Festival de Cine Latinoamericano, alguien tapó los ojos de Marina por detrás. Era Jean-Pierre, de visita en la isla. Alexis lo saludó afectuosamente al presentarlos, pero al irse este y Marina decirle que era un antiguo novio, la cara de Alexis cambió sustancialmente. Otra tarde, al poner la televisión, vieron a Carlos Manuel dando una entrevista, pero Marina, aleccionada, no dijo nada para no molestar a Alexis. Quince días después, este llegó de lo más contento a la casa alegando que, después de casi 15 años sin verla, se había encontrado a Ingrid, “su primera mujer”, en su antiguo barrio. Marina no entendió la causa de tanta alegría y reciprocó cuando esa misma noche Carlos Manuel daba otra entrevista en la televisión para referirse a él como “su primer hombre”. Alexis se molestó y le dijo que esa no era la primera vez que “ese tipo” salía en televisión y ella nunca le había dicho nada. Esa noche no hubo sexo.

Otro que aportó lo suyo fue el pequeño Alexis, quien en una tarde de domingo, les soltó a ambos que su mamá todavía estaba enamorada de su papá. Ambos decidieron reírse al respecto ante “las cosas que se le ocurren a los niños”. Nadie se rió, sin embargo, cuando Boris se apareció de la mano de María Elena en un restaurante del Barrio Chino en el que comían. Marina rezó en secreto para que no la saludara, pero este, a pesar de su “bajo nivel”, no era maleducado, por lo que la saludó, provocando que Alexis tuviera que saludar a María Elena y que la comida fuera tensa a partir de ese momento.

Otro día, mientras esperaban en el carro que pusieran la verde en el semáforo de 23 y G, Alicia, visiblemente embarazada, pasó frente a ellos caminando entre los peatones que cruzaban la calle, lo que provocó que Alexis, aparentemente sin sentido, empezara a tocar el claxon descontroladamente. Aunque muchas personas miraron, Alicia nunca se dio cuenta; pero Marina, sentada en el asiento del copiloto, no pudo ignorar para nada este exabrupto. Esa fue la primera vez, pero no la última, que se referiría a Alicia como “esa bruja”. Una de las compañeras de trabajo de Marina, Roxana, vino en otra oportunidad y le preguntó si ella estaba con “Alexis Beltrán, el que vivía frente al FrutiCuba de 41”. Al responder afirmativamente, Roxana, muy emocionada, le dijo que ellos habían sido novios “no formales” en el tecnológico, lo cual causó otra pelea esa noche en la intimidad del hogar. La cosa se fue deteriorando hasta tal punto que para cuando se encontraron a Marcos en una fiesta y Alexis comprobó que no solo se había casado con Marta, la psicóloga, y tenían un hijo, sino que además había sido novio y “el mejor sexo” de Marina, le preguntó a esta, molesto, que “si había alguien en Ciudad de la Habana con el que ella no hubiese estado” a lo que ella, aún más molesta, respondió irónicamente: “Sí: Luis Miguel, pero todavía estoy a tiempo”. Dos semanas y media sin sexo.

Para esas fechas su lenguaje había cambiado sustancialmente y no tenían ningún reparo en usar exageraciones para atacarse mutuamente. Así, al conocer a Yanko un día, Alexis le dijo que “no sabía que le gustaran los negros” (Yanko era mulatico claro) y Marina, un día que se tropezaron con Rosario, le espetó un “siempre imaginé que las gordas eran lo tuyo” (Rosario no era para nada gorda, pero eso no le impidió a Marina hacer el grosero comentario). Las cosas llegaron a un punto crítico cuando Mayté y Roberto se sentaron al lado de ellos en un teatro y Mayté dijo en plena función que “el olor a puta” la tenía mareada. Al salir del teatro, Roberto y Alexis, recordando buenos tiempos, se entraron a golpes, mientras Mayté y Marina se caían a insultos en la estación de policía a la que fueron a buscar a sus respectivos maridos. Para colmo, en la estación, una de las policías resultó ser la antigua cadete Yuneldis, gracias a la cual pudieron salir antes los cuatro, pero lo cual no le hizo ninguna gracia a Marina (ni a nadie). En el camino a casa tuvieron una horrible pelea en la que Alexis daba piñazos en una pared mientras gritaba “¿Hasta cuándo es esto, Dios mío?” y Marina lloraba mientras gritaba: “¡Claro, porque tú eres un santo!”

Y así se separaron. No esa noche, ni tampoco esa semana; pero un día en el que se dieron cuenta que hacía meses que no se tocaban y que cada vez que hablaban era para preguntarse si algo le gustaba más o menos que con su antigua pareja, decidieron que lo mejor era que él regresara a vivir con su mamá. En los primeros días de ruptura siguieron encontrándose por todas partes a todos sus antiguos amantes y a los del otro. Y ahora les dolía aún más porque se sentían solos y derrotados.

Habían dejado que su pasado los separara. Su pasado, el mismo que nunca estuvo ahí para ellos para ayudarlos, apoyarlos o hacerlos felices. El pasado que los traicionó, abandonó o decepcionó, el mismo que los llevó a declararse “soltero para toda la vida” y “enfocada en su trabajo”, regresaba ahora para acabar con su relación de sexo increíble y “te amo” a deshoras. No les importaba mucho el pasado propio, pero el del otro los volvía locos, despertando no solo sus celos, sino también sus inseguridades y miedos. El pasado emergía como ganador en esta horrible competencia.

La solución llegó, casualmente, de manos del propio pasado. En el caso de Alexis fue un día que se encontró a Alicia con su niño y esposo en los perros calientes de F y 23. Después de unos saludos formales, Alexis, no aguantando más, los invitó a sentarse y les contó a ambos sus problemas con Marina y la causa de su separación. Estos lo oyeron y le dijeron que “se calmara, que todo saldría bien”. Cuando se iban, dejando a Alexis sentado en una mesa, Alicia le dijo a su esposo: “Ahora vuelvo” y fue a donde estaba Alexis. “¿Todavía piensas en mí?” le dijo. Después de pensarlo un poco, le contestó: “A veces creo que estoy obsesionado contigo porque tú me dejaste, pero, francamente, no mucho”. “Buena respuesta”, dijo ella. “¿Y en las demás?” agregó. “Por supuesto que no, ni me acuerdo de los nombres”. Entonces, Alicia sonrió y le dijo: “¿Entonces qué te hace pensar que Marina piensa en los de ella?”. Y Alexis entendió lo que quería decir.

En el caso de Marina fue Marcos, a quien se encontró un día en una parada. Él le preguntó si todavía estaba con “ese muchacho” y ella le dijo que no tímidamente. Como la guagua se fue demorando y Marcos siempre fue alguien encantador que le sacaba las palabras, le confesó la causa de su separación. Marcos miró serio hacia la calle, hasta que finalmente le preguntó: “¿Fuiste feliz con Alexis alguna vez?”. Marina miró seria hacia la calle hasta que finalmente le respondió: “Sí”. Y Alexis le dijo: “Yo nunca he sido feliz: ni contigo, ni con Marta, ni con nadie. Ni un solo día de mi vida he dejado de pensar en lo triste que soy. Si hubiese sido feliz con alguien, aunque fuera un día, correría hacia esa persona y la abrazaría hasta que no pudiera más. ¿Qué me importa a mí si estuvo con alguien antes? Yo solo la abrazaría y me quedaría así”. Y Marina entendió lo que quería decir.

Marina se monta en el asiento del copiloto. El pequeño Alexis está sentadito detrás y grita “¡Marina!” cuando la ve entrar al carro de su papá. Ella le pasa la mano por el pelo y después mira a Alexis. Saben que su viaje al Jalisco Park, al que él la invitara el día anterior por teléfono, no es solo un intento de reconciliación, sino de revalorización. Un sinnúmero de nombres del pasado pueden aparecer, directa o indirectamente, pero han decidido que no les importe ya. Han resuelto olvidarlos, tanto los suyos como los del otro. Ya no maximizarán en sus cabezas las pasiones que sintieron los demás cuando ellos no estaban. Se limitarán a verlos como al resto de las personas. Incluso se permitirán ver cosas buenas de ellos e intentarán entender que fueron necesarios para la formación espiritual del otro. Dejarán el pasado detrás y el futuro para ellos comenzará ahí, en ese carro hacia el Jalisco Park.

Y como siempre fantaseo con la idea de que lo único que hace falta para que dos personas maduras e inteligentes resuelvan sus problemas es la decisión irrevocable de ambos de hacerlo y el empeño que le dediquen, les doy un voto de confianza a mis amigos imaginarios Alexis y Marina y comienzo a reescribir su historia: “A pesar de que hubo muchos nombres en su pasado, que incluso se casó y tuvo un hijo, que amó y desamó con y sin pasión, Alexis no tuvo una novia “de verdad” hasta que, con casi 30 años, entró un día de noviembre a una discoteca destruida en Boyeros y conoció a Marina.”

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Olvidar no siempre es facil

Anónimo dijo...

me gusto mucho hermano. en realidad es algo ke realmente ns afecta, aunke no keramos. kizas es algo tipico de nosotros ls cubanos......

Liana dijo...

Parece novela pero creo que muchos hemos vivido algo similar, lastima no muchas veces con un final feliz...

Librada dijo...

Eres lo mejor! Vas de la profundidad al sentido del humor más refinado sin perder nunca la fina linea de la coherencia......Sabes que te admiro! Go boy!

Ana Maria Lepis dijo...

Me encantas 😙😙

Anónimo dijo...

Es como leer a Daniel Chavarría desde una perspectiva diferente. Muy bueno.


Instagram